"Los hados nos guían, y la primera hora de nuestro nacimiento dispuso lo que resta de vida a cada uno; una cosa pende de otra, y las públicas y particulares las guía un largo orden de ellas. Por lo cual conviene sufrir todos los sucesos con fortaleza, porque no todas las cosas suceden como pensamos; vienen como está dispuesto y si desde sus principios está así ordenado, no hay de que te alegres ni de qué llores, porque aunque parece que la vida de cada uno se diferencia con grande variedad, el paradero de ella es uno" (De la providencia).
Carece de sentido hablar de mal o bien en el mundo. Siendo nuestro ser parte de unanaturaleza universal, el fin de todas nuestras acciones consistirá en aceptar nuestro propio destino con serenidad de ánimo y autodominio. Séneca nos conmina a vencer espiritualmente los reveses de la fortuna, absteniéndonos de los placeres, despreciando la posesión de riquezas, y eliminando ciertas pasiones como la ira, la angustia o el aburrimiento.
El ideal del sabio es aquel que se somete a la necesidad, sabiendo que pertenece a un universo donde todo hombre es "ciudadano del mundo" (cosmopolitismo). La filosofía sirve de consuelo y remedio ante las calamidades de nuestro destino. Por ello, el filósofo ha de ser un pedagogo dedicado a enseñar a vivir bien a los demás:
"El que acude al filósofo ha de llevarse consigo algo bueno cada día, ha de volver a su casa o más sano o más curable. Y así volverá: ésta es la virtud de la filosofía, que ayuda no sólo a quienes se consagran a ella, sino hasta a quienes con ella tienen trato" (Cartas a Lucilio).